El Camino de mi Padre Hacia la Herbolaria
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Cuando yo tenía cinco años, vivíamos en un rancho donde solamente estaba nuestra casa. Vivíamos mi papá, mi mamá y mis cinco hermanos. Fue allí donde comenzó todo.
En una ocasión, invitaron a mi mamá a unos cursos de medicina natural, y ella decidió asistir. Ese fue el inicio de algo muy especial para nuestra familia. En esos cursos empezamos a descubrir las propiedades de muchas plantas y para qué eran buenas. Aprendimos sobre sus beneficios y cómo podían ayudar al cuerpo.
Desde chiquilla, yo me interesé mucho por las plantas. En casa teníamos un libro que se llamaba Donde No Hay Doctor, y yo empecé a leerlo. Mi mamá siguió asistiendo a más cursos y traía más libros a casa. Entre más crecía, más crecía también mi amor por las plantas.
Mi mamá me enseñó a hacer tinturas, pomadas, jarabes y masajes. Pero mi papá era una persona muy sabia. Aunque no sabía leer ni escribir, tenía una memoria increíble. Todo lo memorizaba. Todo lo que mi mamá aprendía en los cursos, él lo aprendía de ella y lo guardaba en su corazón.
Con el tiempo, mi mamá dejó de interesarse tanto, pero mi papá ya lo sabía todo de memoria. Él continuó preparando pomadas y tinturas, ayudando a muchas personas.
Cuando mi mamá cayó enferma, fue mi papá quien la atendía. La bañaba con remedios de puras plantas, le hacía vapores y la cuidaba con dedicación y amor.
Este conocimiento no nació en un laboratorio. Nació en un rancho. En una familia sencilla. En manos trabajadoras. En corazones que querían servir.
Y ese legado sigue vivo hoy.